SAN PIO DE DE PIETRELCINA

 

Cripta donde se encuentra San Pio de Pietrelcina, en San Giovanni Rotondo, en la semana que se conmemoraba sus 50 años de fallecido

 Francesco Forgione, conocido como el padre Pío, fue un fraile capuchino y sacerdote católico italiano famoso por sus dones milagrosos y por los estigmas que presentaba en las manos, pies y costado. 

Nació el 25 de mayo de 1887, en Pietrelcina-Italia y fallecio el 23 de setiembre de 1968, en San Giovanni Rotondo-Italia

Este franciscano italiano recibió los estigmas de Cristo, quien quiso asociarlo de manera especial a su Pasión. Semejante don -en su principio último y en sus manifestaciones- supera toda explicación científica o cálculo humano.

Probablemente, solo sea posible acercarse un poco a este misterio a través de las palabras del propio santo: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta” (San Pío de Pietrelcina).

A los cinco años tuvo una primera visión de Cristo, quien se le presentó como el Sagrado Corazón de Jesús. El Señor, entonces, posó su mano tiernamente sobre su cabeza. Francesco, en respuesta, le prometió que sería su servidor siguiendo las huellas de San Francisco de Asís.

Desde aquel instante, el futuro fraile cultivaría una estrechísima relación con Jesús y su Madre, la Virgen María. Ella también se le aparecería en distintos momentos a lo largo de su vida.

Cumplidos los 15 años, Francesco se presentó para ser admitido en el convento franciscano de Morcone. 

El 10 de agosto de 1910, el entonces Fray Pío sería ordenado sacerdote.

Poco después, el Padre Pío enfermó de fiebres y dolores muy fuertes, los que obligaron a sus superiores en Morcone a enviarlo a Pietrelcina para su recuperación.

Años más tarde, en 1916, Pío sería trasladado al monasterio de San Giovanni Rotondo. El Padre Provincial, al ver que su salud había mejorado, le manda permanecer en ese convento, tras cuyas paredes recibió la gracia de los estigmas.

El relato sobre los estigmas

“Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa… se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado”, relató San Pío a su director espiritual.

“Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”, añadió.

Otro de los dones del Padre Pío fue su extraordinaria capacidad para entender el alma humana, al punto que podía leer los corazones y las conciencias de quienes se le acercaban. Esa capacidad para penetrar y desnudar el interior oculto, lo ayudó a ser un confesor único. Abundantes testimonios corroboran que quienes acudían a él para confesarse encontraban el rostro misericordioso de Dios, que acoge sin condiciones al pecador.

Así como el Padre Pío recibió los estigmas de Jesucristo en las manos, los pies y el costado, así se hizo célebre por haber obrado milagros en vida y por los dones extraordinarios que Dios le concedió conforme a su providencia.

(Extraído de aciprensa)

La oración con la cual el Padre Pio, rezaba por los demás…

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:
«En verdad les digo, pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá».
He aquí que, confiando en tus santas palabras, yo llamo, busco, y pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío en Ti.

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:
«En verdad les digo, pasarán los cielos y la tierra pero mis palabras jamás pasarán»
He ahí que yo, confiando en lo infalible de tus santas palabras pido la gracia……
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Jesús mío!, que dijiste:
«En verdad les digo, todo lo que pidáis a mi Padre en mi Nombre, se les concederá».
He ahí que yo, al Padre Eterno y en tu nombre pido la gracia…….
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.
Sagrado Corazón de Jesús, espero y confío Ti.

¡Oh Sagrado Corazón de Jesús,
al que le es imposible no sentir compasión por los infelices,
ten piedad de nosotros, pobres pecadores,
y concédenos las gracias que pedimos
en nombre del Inmaculado Corazón de María, nuestra tierna Madre,
san José, padre adoptivo del Sagrado Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Amén.

 Es una oración llamada «Novena Eficaz del Sagrado Corazón de Jesús». Compuesta por Santa Margarita Maria Alacoque, ella vivió en el siglo XVII y durante su vida recibió múltiples visiones de Jesús.

Muchos creen que esta es una oración poderosa, porque llama al corazón de Jesús a tener misericordia de nosotros y de nuestras peticiones.

El corazón de Jesús está lleno de amor y compasión. Y esta oración confía en ese amor, creyendo que él es lo suficientemente tierno como para dar generosamente nuestra petición, si es en su santa voluntad.

Por encima de todo, se debe orar con una fe sincera, como el Padre Pío la rezaba, y no como una fórmula mágica.

 

 


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