TIERRA SANTA, Mar de Galilea (1)
Monte de las Bienaventuranzas, a orillas del lago de Galilea
Vista del mar de Galilea, desde el Monte de las Beatitudes
Ingreso al Monte de las Beatitudes
El Monte esta administrado por monjes franciscanos, y tiene una hospedería para peregrinos, en la casa donde viven las monjas que cuidan el lugar. Este monte está rodeado de olivos y mucha vegetación que hacen que te sientas en un lugar de mucha paz...
Capilla de la Iglesia de las Bienaventuranzas se encuentra construida entre 1936 y 1938 por el notable Antonio Barluzzi, de arquitectura Neobizantina, lugar donde Jesús predicó el Sermón en la montaña (Mateo 5, Mateo 6, Mateo 7, Mateo 8)
1ª Bienaventuranza:
“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos”
2ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”
3ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”
4ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos” 5ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”
6ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”
7ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios”
8ª Bienaventuranza
“Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque suyo es el Reino
de los cielos”
9ª Bienaventuranza
“Bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y con mentira digan mal
contra vosotros, todo género de mal por MÍ. Alegraos y regocijaos, porque grande será
en los cielos vuestra recompensa, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de
vosotros”
Las bienaventuranzas dibujan el rostro de
Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria
de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de
la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las dificultades;
anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas recibidas; quedan
inauguradas en la vida de la Virgen María y en la de todos los santos.
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